Dentro de las XXI Jornadas
Culturales Europeas y fruto de la colaboración entre el Proyecto Educando para la Sostenibilidad y la Promoción de la Salud
(ESPS), la Coordinación de Atención
Educativa del Área Sanitaria VII y el Hospital
Vital Álvarez Buylla de Mieres, se desarrolló la primera de las dos
actividades previstas dentro del proyecto piloto sobre salud digital para 1º de ESO.
La actividad, titulada «Salud
digital. ¿Quién decide? Consecuencias emocionales del uso del móvil»,
fue impartida por Laura López Fernández, psicóloga del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA),
actualmente vinculada al Área Sanitaria
II, al Hospital Vital Álvarez Buylla de Mieres. Además de su labor
asistencial, desarrolla una importante tarea divulgativa relacionada con la
infancia, la educación y el uso responsable de la tecnología. Es autora del libro El mundo de Lucas:
Entre pantallas y estrellas, una obra que invita a reflexionar sobre
el equilibrio entre las pantallas, la vida familiar, la amistad y el contacto
con la naturaleza.
Lejos de plantear una visión
basada en la prohibición del teléfono móvil o de las redes sociales, la ponente
partió de una realidad evidente: la tecnología forma parte de nuestra vida
cotidiana. El móvil nos acompaña
prácticamente a todas horas y recopila una enorme cantidad de información sobre
nuestras actividades, gustos y hábitos. Por ello, la cuestión fundamental no es si debemos utilizarlo o no, sino quién
toma realmente las decisiones sobre su uso.
A lo largo de la sesión se analizaron los efectos que el uso
excesivo o poco consciente del móvil puede tener sobre el estado de ánimo, las
relaciones sociales, la autoestima y el bienestar emocional. El alumnado reflexionó sobre cómo las
emociones pueden verse condicionadas por las interacciones digitales, cómo
cambian las relaciones entre amistades presenciales y virtuales, y cómo la
necesidad de validación externa puede influir en la percepción que cada persona
tiene de sí misma.
Laura López explicó que el verdadero problema no es la tecnología
en sí, sino el momento en que deja de ser una elección consciente y se convierte
en un impulso difícil de controlar. Recordó que muchas aplicaciones y redes
sociales están diseñadas para captar nuestra atención durante el mayor tiempo
posible, favoreciendo que pasemos más tiempo conectados sin apenas ser
conscientes de ello.
Bajo el lema «Usa la
tecnología, no te dejes usar por ella», la actividad tuvo como objetivo que el alumnado comprendiera que
debe ser protagonista de sus decisiones digitales y utilizar la tecnología como
una herramienta para comunicarse, aprender, descubrir, crear y mejorar su
bienestar.
Durante la charla se
presentaron datos especialmente
relevantes. Más del 90 % de las personas jóvenes dispone de teléfono móvil
antes de los 15 años, siendo frecuente recibirlo incluso alrededor de los 8 o 9
años, coincidiendo con la Primera Comunión. Asimismo, se destacó que muchas
utilizan el dispositivo más tiempo del deseado y que, en numerosas ocasiones,
no existen límites claros de uso establecidos desde el momento en que reciben
su primer teléfono.
La psicóloga explicó también
cómo el uso nocturno del móvil puede
afectar negativamente al sueño, aumentando la irritabilidad y disminuyendo la
capacidad de concentración. Además, señaló que el uso intensivo de las redes sociales puede relacionarse con mayores
niveles de ansiedad y con procesos constantes de comparación social,
especialmente durante la adolescencia, una etapa en la que la identidad
personal se encuentra en plena construcción y la opinión de otras personas
adquiere una gran importancia.
Uno de los aspectos que
despertó mayor interés fue el análisis de la relación entre redes sociales y autoestima. Se reflexionó sobre
cómo estas plataformas favorecen comparaciones continuas, generan la sensación
de no estar a la altura y fomentan la búsqueda de validación externa. En muchas
ocasiones, las publicaciones muestran únicamente momentos positivos o éxitos
personales, creando una imagen distorsionada de la realidad que puede provocar
sentimientos de frustración o inferioridad.
Especial atención recibió el papel de los «likes», que convierten
la valoración personal en cifras visibles para todo el mundo. Cuando el estado
de ánimo depende del número de visualizaciones, comentarios o reacciones
obtenidas, dejamos de ser quienes decidimos cómo sentirnos. El alumnado analizó
cómo, en ocasiones, la preocupación por la imagen proyectada puede llegar a
condicionar los comportamientos y la forma de relacionarse.
También se abordó la relación entre el uso compulsivo del móvil
y la ansiedad. Situaciones como consultar el teléfono de manera automática,
sentir la necesidad inmediata de responder mensajes o experimentar inquietud
cuando no se dispone de conexión fueron identificadas como señales de alerta.
Estas reflexiones llevaron a plantear preguntas muy significativas: ¿por qué mantenemos el móvil encendido
durante la noche si no vamos a utilizarlo?, ¿por qué lo llevamos al instituto, y además encendido, cuando sabemos
que no podemos usarlo durante las clases?
Otro de los bloques de
trabajo se centró en las relaciones personales. Se explicó que estar permanentemente conectado no
significa sentirse acompañado. El exceso de tiempo frente a las pantallas
puede reducir las conversaciones cara a cara, dificultar la expresión de
emociones y favorecer el aislamiento social o la sensación de soledad.
Asimismo, se analizaron las
consecuencias derivadas de la búsqueda constante de recompensas inmediatas, característica habitual de muchas
aplicaciones digitales. Esta dinámica puede disminuir la tolerancia a la frustración y dificultar la capacidad para
mantener el esfuerzo necesario en tareas que requieren tiempo y perseverancia.
La sesión incluyó también el
visionado de vídeos y una dinámica
participativa titulada «¿Quién decide?», en la que el
alumnado pudo comprobar cómo cambia el comportamiento cuando desaparecen los
indicadores de popularidad en redes sociales. A través de ejemplos prácticos,
se observó que las personas actúan de forma más natural cuando no existen «likes»,
comentarios o visualizaciones que condicionen sus acciones. Sin embargo, cuando
estos elementos aparecen, surge la tendencia a modificar contenidos, buscar una
mayor atención y construir personajes digitales alejados de la realidad.
Como conclusión, Laura López presentó una serie de recomendaciones sencillas (RETOS) para mejorar la salud digital y el bienestar emocional:
- dormir algunos días sin el móvil al lado de la cama,
- evitar su uso durante las comidas,
- reservar diariamente momentos libres de pantallas,
- prestar atención plena a las personas con las que compartimos tiempo
- y seleccionar conscientemente las cuentas que seguimos en redes sociales.
La actividad permitió al alumnado tomar
conciencia de las posibles consecuencias emocionales y psicológicas asociadas a
un uso inadecuado de la tecnología, como el insomnio, la irritabilidad, la
pérdida de concentración, la ansiedad, el aislamiento social o la distorsión de
la realidad. Al mismo tiempo, ofreció herramientas prácticas para construir una
relación más equilibrada y saludable con el mundo digital, favoreciendo el
desarrollo de hábitos que contribuyan al bienestar emocional y a una ciudadanía
digital responsable.
Aprovechamos para dejar aquí el vídeo de UNICEF «Que tu vida privada
sea privada. #NoSeasEstrella», para
reflexionar sobre la privacidad, la identidad digital y el uso responsable de
las redes sociales. En él, varios jóvenes descubren con sorpresa e incomodidad
que personas desconocidas conocen numerosos detalles de su vida personal,
información que ellos mismos habían compartido previamente en perfiles públicos.
El vídeo permite comprender que muchas veces difundimos datos, imágenes o experiencias
sin ser plenamente conscientes de quién puede acceder a ellos ni de las
consecuencias que ello puede tener. Si durante la charla Laura López Fernández
invitó a reflexionar sobre la dependencia emocional del móvil, los «likes», la
ansiedad o la necesidad de validación externa, este recurso añade una cuestión
igualmente importante: ¿somos realmente
conscientes de toda la información personal que estamos entregando cuando
utilizamos las redes sociales? La campaña recuerda que la salud digital no
consiste únicamente en controlar el tiempo de uso de los dispositivos, sino
también en proteger nuestra intimidad, nuestra identidad y nuestro bienestar
emocional. Su mensaje final es claro y sencillo: antes de publicar, conviene pensar quién podrá verlo, cuánto tiempo
permanecerá en internet y si realmente es necesario compartirlo.
Desde el IES Valle de Aller queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Laura López Fernández por compartir con nuestro alumnado su experiencia profesional, sus conocimientos y sus reflexiones sobre un tema tan actual y relevante como la salud digital. Asimismo, agradecemos a la Coordinadora de Atención Educativa del Área Sanitaria II Centro Suroccidente-Mieres su implicación, colaboración y apoyo para hacer posible esta iniciativa, que constituye un valioso ejemplo de trabajo conjunto entre los ámbitos educativo y sanitario en favor de la promoción de la salud y el bienestar de la juventud. Su participación ha contribuido a enriquecer las XXI Jornadas Culturales Europeas y a sensibilizar al alumnado sobre la importancia de desarrollar hábitos digitales responsables, críticos y saludables.
Esperamos
seguir colaborando en futuras iniciativas que permitan acercar la educación
para la salud a las aulas y contribuir a la formación integral de nuestro
alumnado como ciudadanía crítica, responsable y comprometida con su propio
bienestar.















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