domingo, 14 de junio de 2026

"El Parque Natural de Redes a través de las estaciones": José María Fernández Díaz-Formentí acerca al alumnado del IES Valle de Aller el gran calendario del bosque cantábrico en las XXI Jornadas Culturales Europeas

 


El IES Valle de Aller tuvo el privilegio de contar con la presencia del Gijonés José María Fernández Díaz-Formentí, médico especialista en Estomatología, naturalista, fotógrafo de naturaleza, escritor y divulgador científicoasturiano. Compagina desde hace décadas su actividad profesional en el ámbito sanitario con una intensa labor de estudio, divulgación y conservación del patrimonio natural y cultural.

Autor de numerosas obras dedicadas a la naturaleza asturiana, entre ellas Bosques de Asturias, Naturaleza en los ríos de Asturias, Asturias en las estaciones, Muniellos, el reino del roble o Árboles y arbustos naturales de Asturias, ha colaborado además con publicaciones de prestigio nacional e internacional como UNESCO, National Geographic, Geo, Natura o Muy Interesante.

Su pasión por la naturaleza le ha llevado a recorrer durante más de cuarenta años los principales espacios naturales de Asturias y numerosos territorios de América del Sur, especialmente la Amazonía y la cordillera de los Andes, realizando observaciones de campo y reuniendo un extraordinario archivo fotográfico de fauna, flora, paisajes, arqueología y patrimonio cultural.

Miembro Numerario Permanente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), conferenciante habitual y colaborador de numerosas instituciones científicas y culturales, destaca por su capacidad para acercar la naturaleza al gran público mediante una mirada rigurosa, apasionada y profundamente divulgativa.

 


«Redes en las estaciones», permitió descubrir la extraordinaria biodiversidad del Parque Natural de Redes a través de los cambios que experimentan sus ecosistemas a lo largo del año.

La charla resultó especialmente cercana para nuestro alumnado, ya que el concejo de Aller comparte con Redes gran parte de las características ecológicas propias de la montaña cantábrica. Bosques, ríos, pastizales de altura y una biodiversidad excepcional conforman un patrimonio natural muy similar al que encontramos en nuestro entorno más próximo.

A través de espectaculares fotografías y de numerosas experiencias de campo acumuladas durante décadas de observación, el ponente explicó cómo plantas y animales adaptan sus ciclos vitales a las variaciones de luz, temperatura, precipitaciones y disponibilidad de recursos que marcan el ritmo de las estaciones. La naturaleza funciona como un auténtico calendario biológico en el que floraciones, migraciones, reproducciones, mudas, cambios de plumaje o estrategias de supervivencia se sincronizan con las condiciones ambientales de cada momento del año.

Narrada con un estilo evocador que recordó a las grandes divulgaciones naturalistas de Félix Rodríguez de la Fuente, la conferencia fue recorriendo las cuatro estaciones.



La primavera comienza con el deshielo y el aumento del caudal de los ríos. Los invertebrados recuperan su actividad y con ellos aparecen numerosos depredadores, desde aves insectívoras hasta reptiles como el lagarto verdinegro o las lagartijas serrana y de Bocage. Las plantas inician una intensa actividad reproductora y muchas especies del suelo del bosque florecen antes de que los árboles desarrollen completamente sus hojas, aprovechando así la abundante luz que llega al sotobosque.

En los hayedos de Redes destacan especies como los jacintos silvestres, mientras regresan aves migradoras como el cuco y los últimos urogallos cantábricos realizan sus cortejos primaverales. Otra de las joyas de estos bosques maduros es el pito negro, la mayor especie de pájaro carpintero de Europa.

Con la llegada del follaje, el hayedo se transforma. La densa cubierta de hojas reduce notablemente la luz que alcanza el suelo, creando ambientes sombríos donde sobreviven helechos, musgos y plantas adaptadas a estas condiciones. También nacen numerosos mamíferos, entre ellos los cervatillos, mientras los brezos que rodean el bosque desempeñan un papel fundamental como fuente de alimento y refugio para multitud de insectos y aves y de un mamífero exclusivo de la Cordillera Cantábrica, la liebre de piornal. La primavera asciende progresivamente por la montaña, llegando más tarde a las cotas más elevadas.

Durante el verano florece la alta montaña, convirtiéndose en una auténtica explosión de biodiversidad. Numerosas especies vegetales e insectos, muchos de ellos endémicos de la Cordillera Cantábrica, aprovechan las favorables condiciones climáticas. En las zonas húmedas pueden encontrarse especies singulares como el junco lanudo, mientras las coloridas zigenas, polillas diurnas protegidas por su toxicidad, advierten a los depredadores mediante sus llamativos colores rojos y negros.

También pueden observarse ejemplares melánicos de víbora cantábrica, cuya coloración oscura facilita la absorción del calor solar en ambientes de montaña. Sobre estos ecosistemas sobrevuelan rapaces como el águila culebrera, especializada en la captura de reptiles. Es la época de cría del azor y del gavilán,  y l de actividad de coleópteros como ciervos volantes, cerambícidos como Rosalia alpina y numerosas especies de murciélagos. A finales del verano comienza el celo del corzo.

Formentí destacó que las nieblas del verano actúan como auténticas aliadas del hayedo. Cuando el calor aprieta, estas nubes bajas envuelven el bosque aportando humedad y frescor, convirtiéndose en una ayuda imprescindible para la supervivencia de uno de los ecosistemas más emblemáticos de la montaña cantábrica.

El otoño ofrece uno de los mayores espectáculos naturales de la montaña cantábrica. Los bosques caducifolios se tiñen de amarillos, naranjas y ocres gracias a la desaparición progresiva de la clorofila, que deja visibles otros pigmentos presentes en las hojas, como carotenoides y xantofilas. El cambio de color se va produciendo progresivamente desde las zonas de elevada latitud hacia el fondo de los valles, por eso suele comenzar en los abedules, continuar en las hayas y finalizar en los robles. Florecen especies como el quitameriendas y el azafrán silvestre, proliferan los hongos y resuena la berrea de los venados.

Las lluvias reactivan arroyos, torrentes y turberas. Millones de hojas caen al suelo y son transformadas por hongos, bacterias e invertebrados descomponedores, devolviendo nutrientes al ecosistema. Muchas aves dispersan semillas y frutos, mientras los pequeños mamíferos almacenan reservas para afrontar los meses más fríos.

Con la llegada del invierno, numerosos animales reducen su actividad o se desplazan hacia zonas más favorables. El rebeco cantábrico se convierte en uno de los grandes protagonistas de las montañas nevadas, mientras el oso pardo entra en un estado de letargo y ahorro energético.



La sesión destacó por el entusiasmo, la cercanía y la extraordinaria capacidad divulgativa de José María Fernández Díaz-Formentí, que consiguió transmitir al alumnado no solo conocimientos científicos, sino también admiración, respeto y compromiso hacia la conservación del patrimonio natural asturiano.

Desde el IES Valle de Aller agradecemos profundamente su visita y su generosa contribución a la educación ambiental de nuestro alumnado, acercándonos una vez más a la extraordinaria biodiversidad que albergan nuestros montes, bosques y ríos, y recordándonos que conocer la naturaleza es el primer paso para protegerla.

Nuestro agradecimiento se extiende igualmente a Silvino y a la Asociación Molín de Adela, cuya colaboración hizo posible esta enriquecedora actividad.



Esperamos volver a contar con Formentí el próximo curso para acompañarnos, esta vez, en un apasionante viaje por la Amazonía, uno de los territorios naturales que mejor conoce y ha estudiado a lo largo de su trayectoria.




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