El
IES Valle de Aller tuvo el privilegio de contar con la presencia del Gijonés
José María Fernández Díaz-Formentí, médico especialista en Estomatología,
naturalista, fotógrafo de naturaleza, escritor y divulgador científicoasturiano. Compagina desde hace décadas su actividad profesional en el
ámbito sanitario con una intensa labor de estudio, divulgación y conservación
del patrimonio natural y cultural.
Autor
de numerosas obras dedicadas a la naturaleza asturiana, entre ellas Bosques
de Asturias, Naturaleza en los ríos de Asturias, Asturias en las estaciones,
Muniellos, el reino del roble o Árboles y arbustos naturales de
Asturias, ha colaborado además con publicaciones de prestigio
nacional e internacional como UNESCO, National Geographic, Geo, Natura o Muy
Interesante.
Su
pasión por la naturaleza le ha llevado a recorrer durante más de cuarenta años
los principales espacios naturales de Asturias y numerosos territorios de
América del Sur, especialmente la Amazonía y la cordillera de los Andes,
realizando observaciones de campo y reuniendo un extraordinario archivo
fotográfico de fauna, flora, paisajes, arqueología y patrimonio cultural.
Miembro
Numerario Permanente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), conferenciante habitual y
colaborador de numerosas instituciones científicas y culturales, destaca por su
capacidad para acercar la naturaleza al gran público mediante una mirada
rigurosa, apasionada y profundamente divulgativa.
«Redes
en las estaciones», permitió descubrir la extraordinaria biodiversidad del
Parque Natural de Redes a través de los cambios que experimentan sus
ecosistemas a lo largo del año.
La
charla resultó especialmente cercana para nuestro alumnado, ya que el
concejo de Aller comparte con Redes gran parte de las características
ecológicas propias de la montaña cantábrica. Bosques, ríos, pastizales
de altura y una biodiversidad excepcional conforman un patrimonio natural
muy similar al que encontramos en nuestro entorno más próximo.
A
través de espectaculares fotografías y de numerosas experiencias de campo
acumuladas durante décadas de observación, el ponente explicó cómo plantas y
animales adaptan sus ciclos vitales a las variaciones de luz, temperatura,
precipitaciones y disponibilidad de recursos que marcan el ritmo de las
estaciones. La naturaleza funciona como un auténtico calendario biológico
en el que floraciones, migraciones, reproducciones, mudas, cambios de plumaje o
estrategias de supervivencia se sincronizan con las condiciones ambientales de
cada momento del año.
Narrada
con un estilo evocador
que recordó a las grandes divulgaciones naturalistas de Félix Rodríguez de la
Fuente, la conferencia fue recorriendo las cuatro estaciones.
La
primavera comienza
con el deshielo y el aumento del caudal de los ríos. Los
invertebrados recuperan su actividad y con ellos aparecen numerosos
depredadores, desde aves insectívoras hasta reptiles como el lagarto
verdinegro o las lagartijas serrana y de Bocage. Las plantas inician
una intensa actividad reproductora y muchas especies del suelo del bosque
florecen antes de que los árboles desarrollen completamente sus hojas,
aprovechando así la abundante luz que llega al sotobosque.
En
los hayedos de Redes destacan especies como los jacintos silvestres,
mientras regresan aves migradoras como el cuco y los últimos
urogallos cantábricos realizan sus cortejos primaverales. Otra de las joyas
de estos bosques maduros es el pito negro, la mayor especie de pájaro
carpintero de Europa.
Con
la llegada del follaje, el hayedo se transforma. La densa cubierta de hojas
reduce notablemente la luz que alcanza el suelo, creando ambientes sombríos
donde sobreviven helechos, musgos y plantas adaptadas a estas
condiciones. También nacen numerosos mamíferos, entre ellos los cervatillos,
mientras los brezos que rodean el bosque desempeñan un papel fundamental
como fuente de alimento y refugio para multitud de insectos y aves y de un mamífero
exclusivo de la Cordillera Cantábrica, la liebre de piornal. La primavera
asciende progresivamente por la montaña, llegando más tarde a las cotas más
elevadas.
Durante
el verano florece la alta montaña,
convirtiéndose en una auténtica explosión de biodiversidad. Numerosas especies
vegetales e insectos, muchos de ellos endémicos de la Cordillera Cantábrica,
aprovechan las favorables condiciones climáticas. En las zonas húmedas pueden
encontrarse especies singulares como el junco lanudo, mientras las
coloridas zigenas, polillas diurnas protegidas por su toxicidad,
advierten a los depredadores mediante sus llamativos colores rojos y negros.
También
pueden observarse ejemplares melánicos de víbora cantábrica, cuya
coloración oscura facilita la absorción del calor solar en ambientes de
montaña. Sobre estos ecosistemas sobrevuelan rapaces como el águila
culebrera, especializada en la captura de reptiles. Es la época de cría
del azor y del gavilán, y l de actividad de coleópteros como ciervos
volantes, cerambícidos como Rosalia alpina y numerosas especies de murciélagos.
A finales del verano comienza el celo del corzo.
Formentí
destacó que las nieblas del verano actúan como auténticas aliadas del
hayedo. Cuando el calor aprieta, estas nubes bajas envuelven el bosque
aportando humedad y frescor, convirtiéndose en una ayuda imprescindible para la
supervivencia de uno de los ecosistemas más emblemáticos de la montaña
cantábrica.
El
otoño ofrece uno de los mayores espectáculos naturales de la montaña cantábrica. Los bosques caducifolios se tiñen
de amarillos, naranjas y ocres gracias a la desaparición progresiva de la
clorofila, que deja visibles otros pigmentos presentes en las hojas, como
carotenoides y xantofilas. El cambio de color se va produciendo progresivamente
desde las zonas de elevada latitud hacia el fondo de los valles, por eso suele
comenzar en los abedules, continuar en las hayas y finalizar en los robles. Florecen
especies como el quitameriendas y el azafrán silvestre,
proliferan los hongos y resuena la berrea de los venados.
Las
lluvias reactivan arroyos, torrentes y turberas. Millones de
hojas caen al suelo y son transformadas por hongos, bacterias e
invertebrados descomponedores, devolviendo nutrientes al ecosistema. Muchas
aves dispersan semillas y frutos, mientras los pequeños
mamíferos almacenan reservas para afrontar los meses más fríos.
Con
la llegada del invierno, numerosos animales reducen su actividad o se
desplazan hacia zonas más favorables. El rebeco cantábrico se
convierte en uno de los grandes protagonistas de las montañas nevadas, mientras
el oso pardo entra en un estado de letargo y ahorro energético.
La
sesión destacó por el entusiasmo, la cercanía y la extraordinaria capacidad
divulgativa de José María Fernández Díaz-Formentí, que consiguió transmitir al
alumnado no solo conocimientos científicos, sino también admiración, respeto y
compromiso hacia la conservación del patrimonio natural asturiano.
Desde
el IES Valle de Aller agradecemos profundamente su visita y su generosa
contribución a la educación ambiental de nuestro alumnado, acercándonos una vez
más a la extraordinaria biodiversidad que albergan nuestros montes, bosques y
ríos, y recordándonos que conocer la naturaleza es el primer paso para
protegerla.
Nuestro
agradecimiento se extiende igualmente a Silvino y a la Asociación Molín de
Adela, cuya colaboración hizo posible esta enriquecedora actividad.
Esperamos volver a contar con Formentí el próximo curso para acompañarnos, esta vez, en un apasionante viaje por la Amazonía, uno de los territorios naturales que mejor conoce y ha estudiado a lo largo de su trayectoria.






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