Con motivo del Día Internacional
de la Seguridad y la Salud en el Trabajo (28 de abril), el coordinador del
proyecto ESPS, Diego Fernández Díaz, acudió este sábado 25 de abril a la Feria
de la Prevención 2026, celebrada en Oviedo, con el objetivo de seguir
mejorando el enfoque de salud y prevención dentro del proyecto ESPS de cara al
próximo curso. Esta visita permitió conocer de primera mano diferentes
recursos, experiencias y propuestas educativas en materia de prevención de
riesgos laborales.
Asimismo, se valoró el potencial
educativo que podría aportar una visita del alumnado al Instituto Asturiano
de Prevención de Riesgos Laborales, como una oportunidad para acercarse a
la realidad de la seguridad laboral, la prevención de riesgos y la promoción de
la salud en el entorno profesional.
También en la Feria de la
Prevención 2026 tuvo la oportunidad de formarse, mediante realidad virtual, en
la extinción de incendios en viviendas y en la importancia de no realizar
trabajos en altura sin las medidas de seguridad adecuadas, como el uso de
arnés.
Asimismo, aprendió a realizar
correctamente una RCP, reforzando la importancia de la prevención y la
capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia.
Patricia, de Cuéntame un cuadro, nos ofreció una visita guiada al Museo de la Prevención, a partir de cinco obras de arte. Nos hizo comprender cómo vivíamos, cómo vivimos y cómo podemos construir un futuro más justo, evitando repetir errores del pasado. También puso de manifiesto cómo el trabajo puede tener un impacto significativo tanto en la salud física como mental, además de estar vinculado a riesgos laborales, precariedad y desigualdades de género. Destacó, a su vez, una idea clave: el arte, en muchas ocasiones, no ha sido producido ni financiado por las propias clases trabajadoras, sino por élites que condicionaban los temas representados.
La primera obra analizada fue Hombre ofreciendo dinero a una mujer joven
(1631), de Judith Leyster. En el contexto de la Holanda del siglo XVII, donde
la clientela artística era mayoritariamente burguesa, predominaban en la
pintura barroca las escenas de género vinculadas al ocio, el galanteo y la vida
cotidiana. Sin embargo, en esta obra la artista introduce una clara lectura
moral: una joven concentrada en la costura ignora a un hombre que le ofrece
dinero, como una insinuación de lo que disfrutará si accede al matrimonio. La
escena subraya la virtud del trabajo y la autonomía femenina frente a la
tentación o la dependencia. Diversos elementos refuerzan este mensaje simbólico. El brasero, asociado al
deseo, aparece bajo el pie de la mujer, sugiriendo control y contención. El
contraste lumínico, centrado en la figura femenina gracias a la luz de la vela,
dirige la atención hacia su actividad y refuerza su papel protagonista. Por su
parte, la figura masculina, con sombrero y parcialmente en sombra, adquiere un
carácter ambiguo e incluso inquietante. La presencia de la vela, además, remite
a la dureza de las condiciones de trabajo en la época, especialmente en
contextos nocturnos con iluminación precaria.
A continuación, analizó El albañil herido (1786-1787) del ilustrado Goya. Este boceto forma parte de los cartones para tapices destinados a la corte de Carlos III. Goya, aunque trabajaba para la monarquía, introduce una mirada crítica al representar a un trabajador accidentado, alejándose de escenas idealizadas. Inicialmente concebida como El albañil borracho, la versión final elimina la burla y presenta una escena de dignidad y denuncia implícita sobre la falta de seguridad laboral. El pequeño tamaño de la obra responde a su función decorativa en espacios palaciegos, donde era habitual cubrir todas las superficies. Aunque este, como otros muchos, no llegó a materializarse en tapiz por su complejidad y riqueza cromática.
El recorrido continuó con Las espigadoras (1857) de Millet, una obra clave del
realismo, que frente al romanticismo anterior, centrado en emociones intensas, pone el foco en la vida cotidiana y, especialmente, en las clases
trabajadoras. En esta pintura, tres mujeres recogen los restos de la cosecha
tras la siega, una tarea dura y mal remunerada. Además, la composición, con el horizonte elevado, enfatiza la dureza del trabajo y el
protagonismo de la tierra. Por otra parte, las posturas de las mujeres, en una clara progresión del gesto de agacharse,
evidencian el esfuerzo físico sostenido y remiten a una realidad que conecta
con la persistente desigualdad laboral de género.
Luego fue el turno de La planchadora (1904), de Picasso, obra perteneciente a su etapa azul, profundamente marcada por la muerte de su amigo Carlos Casagemas y caracterizada por el predominio de tonos fríos y temáticas vinculadas al sufrimiento y la marginalidad. Aquí, la figura femenina aparece encorvada, realizando un esfuerzo físico intenso que implica todo el cuerpo, transmitiendo una sensación de agotamiento y dolor continuado. La obra sugiere cómo determinados trabajos, especialmente los históricamente asociados a las mujeres, han sido sistemáticamente invisibilizados y mal remunerados. Así, el planchado, que en origen fue un servicio propio de las clases acomodadas con personal doméstico, se generalizó posteriormente en la clase obrera como una tarea no remunerada asumida por la mujer en el hogar. El rostro de la figura, con un ojo ensombrecido, refuerza la idea de que el trabajo no solo desgasta el cuerpo, sino también la salud mental. Picasso recurre además a un lenguaje de fuerte base dibujística, heredero de la tradición académica, para intensificar la expresividad de la escena. De este modo, la obra trasciende la representación de una actividad cotidiana para convertirse en una reflexión profunda sobre la dureza del trabajo y sus consecuencias físicas y emocionales.
Por último, presentó Vendimiando (1914) de Sorolla, un boceto realizado en Jerez para la Hispanic Society of America, donde se centra en escenas costumbristas, mostrando a mujeres en la vendimia. Aunque la escena transmite armonía, su característico uso de la luz y las texturas permite intuir las duras condiciones laborales bajo el sol intenso. Los sombreros y pañuelos no son solo elementos estéticos, sino también funcionales frente a un entorno exigente.





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