Dentro del marco del Plan de Coeducación del centro y en coherencia con la necesidad de intervenir de forma consciente en la socialización de género, el IES contó esta semana con la intervención de Iván Gómez Beltrán, historiador y Doctor en Género y Diversidad, formador en masculinidades, diversidad e igualdad y coordinador del Área de Formación de la asociación LGTBIA+ XEGA Asturies.
Iván Gómez ofreció, por grupos, a
todo el alumnado de ESO y Bachillerato una formación titulada “Buenos
tratos, bienestar y estereotipos de género”, centrada en analizar cómo los
estereotipos influyen en la forma en que chicos y chicas se perciben a sí
mismos, se relacionan con las demás personas y gestionan su bienestar
emocional.
Qué son los estereotipos de
género y por qué importan
Los estereotipos de género se
presentaron como esos "caminos marcados" que la sociedad asocia a ser
chico o chica. Sirven para indicar cómo se supone que debemos
comportarnos y relacionarnos, y salirse de ese camino suele tener
consecuencias sociales.
Se explicó que los estereotipos
tienen tres componentes:
- Conductual: lo que se espera que hagamos.
- Cognitivo: cómo interpretamos el mundo y a
las personas.
- Relacional: cómo tratamos a quienes encajan
en el estereotipo y a quienes se desvían de él.
Una idea clave fue que nadie
encaja al 100 % en los estereotipos, lo que los convierte en una fuente
constante de presión y malestar.
Masculinidades y presión
constante: la metáfora del asno y la zanahoria
Para explicar cómo afectan los
estereotipos de masculinidad a los chicos, se utilizó la metáfora del asno y
la zanahoria: se le coloca una zanahoria delante, atada a un palo, que nunca llega a alcanzar. El ideal de “ser un hombre de verdad” funciona de forma
similar: siempre hay una exigencia más, un nuevo requisito que cumplir.
A partir de preguntas directas al
alumnado —¿qué crees que es ser chico?, ¿coincide con lo que tú querrías si
no existieran estereotipos?— se reflexionó sobre cómo estos modelos
condicionan decisiones, emociones y comportamientos.
Cuando salirse del estereotipo
tiene consecuencias
Se abordó qué ocurre cuando
alguien hace algo que “no es de chico” o “no es de chica”. La sanción social
aparece con rapidez, muchas veces en forma de insultos, burlas o
exclusión.
Se analizó especialmente el uso
del insulto “maricón”, muy frecuente en la adolescencia. Se explicó que:
- No se utiliza solo para atacar la orientación
sexual.
- Funciona como un mecanismo de control del género.
- Castiga cualquier conducta asociada a lo
considerado “femenino”: sensibilidad, miedo, error, cuidado, torpeza o
falta de agresividad.
En este sentido, el insulto dice
más del malestar y la necesidad de reafirmación de quien lo pronuncia
que de la persona a la que va dirigido.
Durante la charla también se analizó un símil muy presente en redes sociales y conversaciones cotidianas, especialmente entre chicos jóvenes: el de la llave y el candado. Según este mensaje, “una llave que abre muchos candados es una llave maestra, pero un candado que se abre con muchas llaves es un candado malo”. Aplicado a las personas, refuerza una doble moral sexual claramente machista: a los chicos se les otorga prestigio por acumular experiencias sexuales, mientras que a las chicas se las desvaloriza por lo mismo. Este símil cosifica el cuerpo femenino, al presentarlo como un objeto que se desgasta o pierde valor, y transmite la idea de que el cuerpo de las chicas es algo que puede ser evaluado por otras personas. Además, encaja plenamente con los estereotipos de masculinidad que presionan a los chicos a demostrar constantemente su hombría. En definitiva, se trata de una herramienta más de control social basada en el miedo a salirse del camino marcado por los estereotipos de género.
El ejemplo del fútbol y del
comportamiento adulto en gradas y campos ayudó a visibilizar cómo estas
dinámicas se aprenden por imitación desde edades tempranas.
Un ejemplo claro de cómo operan
los estereotipos de masculinidad lo encontramos en el caso del futbolista Borja
Iglesias, quien recibió insultos y burlas en redes sociales simplemente por
pintarse las uñas. Este tipo de reacciones evidencian cómo cualquier gesto que
se aparte del modelo masculino tradicional activa mecanismos de control social
basados en el ridículo y la homofobia. Su respuesta tranquila y firme, sin
agresividad ni justificaciones, refuerza la idea de que la igualdad y la
libertad personal no restan valor ni prestigio, sino que contribuyen a modelos
de masculinidad más sanos y respetuosos.
Emociones, cuidados y
desigualdades aprendidas
Se puso de manifiesto una
diferencia clave en la socialización:
- A los chicos se les suele negar la expresión de emociones como la tristeza o el miedo y se les exige autosuficiencia.
- A las chicas se las educa para cuidar de las demás
personas, a menudo en exceso.
Esta desigualdad conecta directamente con los conflictos actuales en relaciones y convivencias, y refuerza la idea de que los estereotipos son una carga para todas las personas.
Para apoyar la reflexión sobre masculinidades y estereotipos, existen recursos como el proyecto digital Bróders, dirigido a chicos jóvenes. En él, pueden explorar temas de relaciones, sexualidad, emociones y bienestar, en un espacio seguro y sin juicio. Este tipo de materiales complementa lo trabajado en el aula, ofreciendo referentes positivos y fomentando que los chicos puedan hablar de sus emociones y cuestionar los estereotipos que pesan sobre ellos. Proyectos como Bróders, que muestran que es posible ser hombre y practicar masculinidades igualitarias, respetuosas y empáticas.
Referentes, medios y cultura juvenil
Durante la sesión se trabajó con
diversos materiales audiovisuales, entre ellos los vídeos “48 cosas que
los chicos/chicas escuchan a lo largo de su vida”, que permitió identificar
mensajes normalizados que refuerzan los estereotipos desde la infancia.
También se analizaron ejemplos de
prensa deportiva, observando cómo las preguntas que se hacen a chicos y
chicas son diferentes y cómo los propios chicos se sienten incómodos cuando se
les interroga con las preguntas que suelen hacerse a las chicas.
Se aportaron referentes juveniles positivos, como IlloJuan o Ibai Llanos, mostrando que existen modelos alternativos de masculinidad alejados del machismo y la violencia.
Más allá del miedo: bienestar
y libertad personal
Una de las ideas finales más
potentes fue que cuando se pierde el miedo a los estereotipos, aparece la
posibilidad de ser uno mismo. Todas las personas, independientemente de su
género, desean ser queridas, cuidadas y tratadas con respeto, pero muchas veces
no lo reconocen por miedo a ser dañadas o ridiculizadas.
Se abordaron también cuestiones
actuales como la presión estética en redes sociales, especialmente
intensa entre la juventud, que explica por qué muchas personas evitan subir
imágenes propias a plataformas como Instagram.
Frente a discursos que enfrentan a chicos y chicas, esta formación apostó claramente por educar desde los buenos tratos, el bienestar y la corresponsabilidad, en plena coherencia con los principios del Plan de Coeducación del centro. Este tipo de intervenciones refuerzan la línea de trabajo iniciada desde el Plan de Coeducación: nombrar los estereotipos, cuestionarlos y ofrecer al alumnado herramientas reales para vivir con mayor libertad, respeto y bienestar emocional.
En esta formación en igualdad
y feminismo de Iván Gómez Beltrán con el alumnado ha funcionado mejor que otros
enfoques porque:
- No se habla “contra los chicos” (lo que suele generar rechazo entre adolescentes.), no generaliza (“los hombres sois…”), ni culpa colectivamente.
- Se habla de lo que les duele a chicos y chicas.
- Se cuestionan los estereotipos como una carga
para todas las personas.
- Se trabaja el bienestar, no la culpa.
Ese enfoque, además:
- reduce la homofobia
- mejora la convivencia
- baja el uso del insulto
- facilita que los chicos hablen de emociones
- y no genera rechazo
Eso sí es feminismo aplicado a
la educación, aunque no siempre se nombre así.
Aprovechamos para dejar el enlace en el que puedes descargar la guía de XEGA "Diversidad LGTBIAQ+ y buenos tratos en las aulas: herramientas educativas para personal docente", elaborada por Iván Gómez Beltrán. Esta guía pretende servir como un material para transformar las aulas en espacios de convivencia y buenos tratos y construir un mundo libre de violencias y discriminaciones.








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